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La navegación a vela de altura y la competitividad de la empresa


En navegación a vela, se llama rizo a un mecanismo dispuesto en el velamen que permite su reducción cuando el estado del viento y la mar así lo aconsejan. Cada barco tiene su propia política para saber cuándo tomar y luego largar uno, dos, tres y a veces hasta cuatro rizos. A los anteriores parámetros se les une la pericia del timonel, la tripulación, etc.  No son caros de implementar en el velamen comparado con la eficiencia que producen en la navegación y por eso todos los llevan. Cualquier regatista de altura sabe lo que se pierde si no se usan correctamente; a veces, hasta el barco, en muchas ocasiones el palo, y las demás ocasiones, más benevolentes, la regata. El retorno de la inversión en una buena política de navegación y también de un buen patrón de altura, timonel y tripulación es evidente.





Cualquier empresa con presencia internacional está sometida al riesgo de variación del tipo de cambio desde distintos ángulos: guerra comercial, brexit, políticas monetarias, tensiones geopolíticas, por el previsible descenso del crecimiento del comercio y la vuelta a una mayor volatilidad en los mercados de divisas. Y para cada empresa este impacto puede ser distinto, por lo que es preciso disponer una Política que permita discernir rápidamente la situación y posibles actuaciones ante las nuevas reglas de juego.









Fundamentalmente: el riesgo transaccional que afecta a la facturación y costes en moneda extranjera; el riesgo traslacional que afecta al balance de situación, y el riesgo económico que afecta al valor futuro de la empresa a través de su competitividad. El impacto de estos riesgos sobre la cuenta de resultados o sobre el balance puede ser muy considerable, y muy volátil. La correcta gestión de estos riesgos es crucial para la competitividad de las compañías.









Según el último informe de FactSet (7 de Junio), se estima que las compañías del S&P 500 con mayor internacionalización sufrirán un descenso en beneficios de cerca de un 10%, frente a una caída de un 2% de aquéllas con más de un 50% de su facturación dentro de EEUU. En ventas, la caída de las primeras es de un 1.2% frente a una subida de un 6%, para las más locales.









Es curioso leer el tratamiento que se le da habitualmente al impacto de la divisa en el anuncio de resultados empresariales. Este impacto llega a ser de proporciones muy importantes en determinados momentos, y a menudo vemos la expresión “ajeno al grupo” al referirse a él. Es como, si en el ejemplo náutico, un barco de altura es sorprendido por una tormenta. Nadie querría estar sin rizos durante el tiempo que dure. Y nadie dice que la tormenta es ajena a la regata cuando ésta se pierde o algo más. Navegar en mercados emergentes es también distinto a hacerlo en océanos más tranquilos, y requiere de especialización y experiencia.


“La compañía A reduce un 42,2% su beneficio neto por el “efecto divisa”. El grupo señala la evolución de la libra esterlina, por el Brexit, como uno de los grandes factores”, varios medios 26/10/2016. El impacto fue de 202 millones de euros. Temporal duro. No lleva rizos o no los tomó


En el otro extremo “los últimos tres años, la compañía B ha conseguido reducir su deuda 1.341 millones por la gestión activa de las divisas, el triple del impacto negativo que el tipo de cambio ha tenido en el flujo de caja libre: 440 millones” varios medios 28/03/2018. Varias condiciones, tres años. Gestión activa a través del pasivo. Toma y suelta rizos apropiadamente


Seguimos, “fuentes de la entidad C han explicado que la política de cobertura del grupo protege el capital y los beneficios procedentes de Turquía ante depreciaciones de la Lira. Así, ante depreciaciones de un 10% el impacto en el ratio de capital CET1 sería sólo de un punto básico, a la vez que el beneficio neto esperado está cubierto aproximadamente en un 50%” varios medios 14/8/18 . Temporal duro. Tomó rizos, no los soltó y navegó tranquilo, aunque a riesgo de ir más lento (coste de cobertura) en algunos momentos de bonanza.


Se pone de manifiesto que una política de gestión activa puede tener un gran significado en las cuentas.


De la misma forma gestores profesionales de activos globales, ya sean fondos de inversión, capital riesgo, deuda privada, requieren de un enfoque profesional hacia este activo que es la divisa, desde su analítica cuantitativa hasta su gestión activa, no cerrando los ojos al riesgo amparados en que es muy caro cubrir, o que al final de los días la divisa volverá a su sitio actual…puede que el mercado no sea tan paciente como el gestor y mantenga una inversión o el valor del fondo en terreno negativo durante demasiado tiempo.


El área financiera del grupo que se encarga de gestionar los riesgos de mercado debe tener la responsabilidad y el reconocimiento de su aportación clave al grupo en este sentido, y lo debe hacer dentro de una Política de Gestión clara, y qué reúna otras áreas del grupo: CFO, CEO, Producción y Ventas de forma recurrente.


Tradicionalmente, las preocupaciones de las empresas cuando afrontan este riesgo pasan por hacer un pronóstico acertado de los ingresos, y la falta de informes adecuados sobre los riesgos, en muchos casos en forma manual. En casos de alta internacionalización es prioritario también dotar de automatismo al proceso.  Todos, aspectos clave a considerar si queremos gestionar el riesgo de manera efectiva.


Las empresas extranjeras han ido incrementando su nivel de eficiencia en los apartados anteriores, en la gestión integral del riesgo de divisas, y por tanto su nivel de competitividad. En España, con excepciones, hay un camino por recorrer en la misma dirección, especialmente en compañías de menor tamaño.


En este segmento, hay un consumo más o menos habitual de productos aparentemente de cobertura que son en muchas ocasiones altamente tóxicos para las compañías, que ya por sí solos han llevado al naufragio a no pocas empresas. Es clave que cuenten con el debido análisis de rendimiento/riesgo y si son ideales y cuadran con el objetivo definido en la política de gestión de riesgos. Es necesario fortalecer las áreas financieras de las compañías, también para evitar que éstas se rijan por motivos únicamente contables, desechando ahorros o asumiendo costes significativos en contratos internacionales referenciados en la divisa base de la empresa.


Una política eficiente de la exposición a la divisa de las compañías es clave para preservar el valor de la empresa, reducir la volatilidad de los resultados, y obtener una ventaja competitiva. El rigor financiero que se consigue mejora también las posibilidades y condiciones de acceso al crédito. Para ello es necesario reforzar las áreas de Tesorería y Finanzas, ya sea de forma interna o externa.


En los 24 años que llevo en los mercados de divisas asesorando a multinacionales, entre ellas a las tres compañías mencionadas más arriba, además de a inversores institucionales, he comprobado la gran diferencia que produce la dedicación a un activo tan desconocido como común, tanto en balances como en carteras y fondos de inversión. Especialmente en momentos de más incertidumbre y baja rentabilidad en los mercados.


La correcta aplicación de la política de gestión del riesgo divisa comienza por tenerla. Como los rizos.




Pedro Servet





Founder & CEO